Pues al final me he comprado un pulsómetro.
Pero antes, al lío.
Las series de 300 metros las dejé para mejor ocasión. Supongo que Rodrigo Gavela -del que estoy siguiendo casi a rajatabla la tabla- también ha pintado alguna vez en casa y se le puso un poco difícil seguir el entrenamiento.
El sábado, y de nuevo en tierras manchegas, me calzo 14.600 metros en 1 hora 8 minutos y 45 segundos a 4′44″. Lo disfruté mucho: buenas sensaciones, controlé los tiempos de paso por kilómetro sobre los 5′ para el regreso hacerlo bastante más fuerte.
El domingo tocaba o competición de 7km, o 10 series de 1000 metros a 4′. Me fuí a lo segundo. No era el día. En la piscina me encontré con otros dos corredores de postín (Manolo y Raúl, hermanos y maratonianos ellos) y nos pusimos a hablar y a hablar con lo que nos dieron las 20:30. “-Tómate una cervecita coño…-Joderll si tengo que ir a entrenar….-Ahora, AMOSNOJODAS.” Supongo que fue el pensar que en vez de estar penando podría estar saboreando el frescor de una cervecita, el caso es que lo hice mal, pero mal de verdad. La primera serie 4′15″ y, al tomarme el pulso un minuto después observé que el índice de recuperación no era ni de lejos 30. La segunda a 4′5″, esta es cuesta abajo pero lo del índice de recuperación no iba mucho mejor. Las dos últimas (no quiero decir la 9ª y la 10ª, sino la tercera y la cuarta) no me acerqué a los 4′10″ ni de cerca. Decido dejarlo para otro día.
El lunes salgo con la bici. ¡Qué gozada, qué gozada! los 44 kilómetros de la semana anterior los hago en 1 hora y 54 minutos. Incluso un ciclista de los “güenos” se picó conmigo en una subida y, claro, yo entré al trapo dándole una pasada que ríete tú de Sastre. La verdad es que el progreso con la bici es muy diferente al de la carrera. Empecé a rodar a 20 kilómetros hora y ahora me pongo a 23 sin mucho problema. Eso sí, hice caso al CALLE, que igual si le preguntas de sexo no te aclara mucho, pero de bicis sabe TELA. El susodicho CALLE me indicó que lo importante, al principio, no es la velocidad sino la frecuencia de pedaleo: 90-100 pedaladas por minuto. Y eso hice. Mañana salgo con él (no, no, no vamos al cine y luego a tomar unas copas y escuchar música romántica NO: saldremos con las bicis).
El martes me lío la manta a la cabeza y me compro un pulsómetro. Un Polar RS100D que costaba 130€. El dependiente me dice que existe un modelo igual pero exclusivo de El Corte Inglés. El tío me saca un RS100D igualito que el del mostrador pero que cuesta 89€. No, si siempre hay que estar pendiente ya que la magia aparece por donde menos te lo esperas. Porque eso, magia, me parece el entramiento con pulsómetro.
Esa misma tarde, y después de configurar el aparatejo, me lanzo a los 70′ de rigor a un ritmo de 140-150 pulsaciones.
Los jubilados que pasean por La Gran Vía de Villaverde me adelantaban y hacían que mi flequillo se levatara. JODERLLL, que lento iba. Pero yo errequeerre con mis 145 pulsaciones.
Cuando llego a la única pendiente dura del recorrido, el animalito marca 166 pulsaciones que vuelven a 150 en cuanto llego otra vez abajo.
Sigo a mis 150 pulsaciones de rigor. Al final hago los 17 kilómetros de los que consta el recorrido en 1 hora 24 minutos. A cinco minutos el kilómetro. Cuando veo las pulsaciones pasado el minuto estoy en 97. Vamos que, otra vez según Gavela, el índice de recuperación ha sido bastante malo y que podía haber ido a mucha más velocidad. JODERLLL, JODERRRLLL que lío.
Hoy he descansado, como ya he dicho mañana otra vez bici (perdóname Gavela pero me apetece más que hacer series). El viernes, otra vez en el pueblo, otros 70 minutitos. Esta vez voy a probar mis pulsaciones a un ritmo en el que yo me vea cómodo. Y el domingo…series otra vez.
Un saludo, CHATIS.