No sólo de esta huelga de educación, sino de cualquier huelga sectorial. ¿Y por qué? pues por tres razones.
La primera de ellas es lo obsoleto que me parece la utilización de un arma que se lleva utilizando desde el siglo XIX. Sí confío en ella, como explicaré más adelante, cuando está involucrada toda la masa “proletaria” USEASÉ la Huelga General (si todavía se puede definir así a los que nos ganamos el pan con el sudor de nuestra frente). Todo ha evolucionado desde entonces, ¿no lo puede hacer la lucha obrera? .
La segunda de ellas es que este tipo de huelgas sólo perjudica a quien en un principio se pretende ayudar: a los alumnos y a los padres. (En el caso de la salud pública a los que confiamos en ella y a los que, más serio si cabe, no pueden pagar una asistencia sanitaria privada).
La tercera, y yo diría que más importante, es que la Señora Esperanza ha ganado por segunda vez unas elecciones con un amplio margen. Y dicha señora lleva en su programa electoral la “promesa” de optimizar los servicios públicos privatizándolos. ¿No estamos luchando contra una política democráticamente elegida?
Leído esto, si alguien ha podido llegar hasta aquí supongo que podrá continuar hasta el final, se puede pensar que soy un defensor acérrimo de la enseñanza privada y un enemigo confeso del derecho de huelga. Pues no, sigue leyendo, sigue leyendo.
Intento dar algunas soluciones: para subsanar la obsolescencia propongo la utilización del método seguido por los alumnos de la Facultad de Filosofía: encierros sin afectar a las horas de asistencia a clase en los que se debate y analiza los artículos del proyecto Bolonia que intenta “mercantilizar” la Universidad. En el caso de la Educación se podrían organizar jornadas-encierro en las cuales se haga partícipes a los padres y alumnos de las demandas de dichas movilizaciones (no lo he dicho antes, pero una encuesta cutresalchichera de realización propia ha determinado que la inmensa mayoría de la gente ajena a la educacióhttp://localhost/n opina que buscamos única y exclusivamente menos horas de trabajo y más sueldo).
Lo anterior soluciona también el segundo punto, ya que los alumnos siguen asistiendo normalmente a clase, no perderán horas lectivas y los padres no se pondrán en contra nuestra. Una vez llevados a nuestro terreno se podrían tratar otros temas como es la baja participación de los padres en el funcionamiento de los centros educativos (los motivos se me antojan muy complejos y podrían alargar en exceso este opúsculo sin pretensiones), la conflictividad en las aulas de los “reyes de la casa” y la realización de proyectos que ayuden a las familias a sentir como suyo un lugar en el que, la inmensa mayoría, “aparca” a sus hijos (campeonatos deportivos, jornadas de convivencia, excursiones…).
Este segundo punto también lo solucionaría con algo que me choca: Los padres-profesores de la enseñanza pública llevan con demasiada frecuencia a sus hijos a la enseñanza privada ¿Cómo vamos a convencer a los demás de que la nuestra es una enseñanza de calidad si estamos huyendo de ella? También, de paso, si los funcionarios utilizaramos la sanidad pública como prestación sanitaria en vez de Sanitas, Adeslas, etc. haríamos un gran favor a nuestros compañeros y amigos de la Salud.
Si con esto convencemos a la masa electoral de que nuestras reivindicaciones son “justas” caerá por su propio peso la solución.
Métodos parecidos podrían utilizarse en los otros dos pilares, según mi punto de vista, del servicio público: LA SALUD y EL TRANSPORTE.
Ahh, casi se me olvidaba, estoy a favor de la Huelga General…bueno, si no lo habéis entendido ya es que me he explicado mal.
Un saludo, CHATIS.